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Qué es el DeFi (finanzas descentralizadas) explicado sin jerga

Cómo funciona un banco sin banco — 6 min de lectura

DeFi son las siglas de "decentralized finance", finanzas descentralizadas. La promesa suena bien: los mismos servicios que ofrece un banco —pedir prestado, intercambiar activos, obtener un rendimiento por tu dinero— pero sin que exista un banco de por medio. Como con casi todo en este espacio, conviene entender el mecanismo antes de valorar si la promesa se sostiene.

Qué sustituye exactamente a la entidad

En las finanzas tradicionales, un banco cumple varias funciones a la vez: custodia tu dinero, decide a quién presta y en qué condiciones, y ejecuta las operaciones por dentro, sin que puedas ver el proceso. En DeFi esas funciones las asume un smart contract: un programa publicado en una blockchain (habitualmente Ethereum o redes similares) que ejecuta reglas fijas de forma automática. Si depositas una cantidad como garantía, el contrato te permite tomar prestado hasta un límite calculado por una fórmula; si aportas fondos a un fondo común, el contrato reparte una parte de las comisiones generadas. No hay una persona detrás de un mostrador decidiendo caso por caso — hay código público que cualquiera puede leer y que trata a todos los usuarios exactamente igual.

Los tres usos más habituales

El atractivo: acceso abierto, sin pedir permiso

Cualquiera con conexión a internet puede usar estos servicios, funcionan las 24 horas, no dependen de que un país tenga infraestructura bancaria desarrollada y el código que los gobierna es, en teoría, auditable por cualquiera. Para alguien excluido de la banca tradicional, o desconfiado de la opacidad de una entidad concreta, esto es un argumento real, no solo publicitario.

El riesgo nuevo: código en vez de una entidad regulada

La misma característica que hace atractivo al DeFi —que nadie humano intervenga— es la que introduce sus riesgos más específicos.

La idea central de este artículo El DeFi no es "más seguro" ni "más peligroso" que la banca tradicional en abstracto — es un sistema con una lógica distinta, donde las garantías que quizá das por hechas (protección al consumidor, posibilidad de reclamar, supervisión humana) simplemente no existen de la misma forma.

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