Dinero

El efecto de las comisiones (fees) en tus operaciones: por qué comen más rentabilidad de la que crees

Tres costes distintos que casi nadie suma a la vez — 7 min de lectura

Cuando alguien calcula si una operación con criptomonedas ha salido bien, casi siempre compara solo dos números: el precio al que compró y el precio al que vendió. Ese cálculo ignora un tercer elemento que está presente en cada operación, se note o no: las comisiones. Y no es una sola comisión — son varias, de naturaleza distinta, que se suman.

La comisión de trading del exchange

Es la más visible: la plataforma cobra un porcentaje sobre el importe de cada compra o venta, normalmente entre una fracción de punto porcentual y algo más de un uno por ciento, dependiendo del exchange y del volumen operado. Parece poco en una sola operación. El problema aparece cuando se opera con frecuencia: si esa comisión se paga en cada compra y en cada venta, un mismo capital que rota muchas veces al mes puede acumular, solo en este concepto, un coste anual muy superior al de quien mueve su dinero una vez cada mucho tiempo. Es aritmética simple —comisión por operación multiplicada por número de operaciones— pero es precisamente el cálculo que rara vez se hace de forma explícita.

El spread: el coste que no aparece como "comisión"

El spread es la diferencia entre el precio al que se puede comprar un activo en ese momento y el precio al que se puede vender, en el mismo instante, en la misma plataforma. Esa diferencia no se muestra como una línea de "comisión" en el resumen de la operación, pero es un coste real: si compras y vendes de inmediato sin que el precio se mueva nada, pierdes dinero solo por ese margen. El spread suele ser más estrecho en las criptomonedas con más volumen de negociación, y más ancho en las de menor volumen — lo que significa que operar con activos poco líquidos añade un coste oculto adicional que no depende de ninguna comisión declarada.

La comisión de red (gas): un coste distinto, ajeno al exchange

Cuando se mueven fondos fuera de un exchange, hacia un monedero propio o entre distintas redes, aparece un tercer tipo de coste: la comisión de red, conocida en muchas cadenas como "gas". Este importe no lo cobra el exchange ni ninguna empresa concreta — lo cobra la propia red blockchain, como pago a quienes procesan y validan la transacción. Su cuantía varía mucho según la red y según cuánta gente esté usándola en ese momento: en periodos de mucha actividad, mover fondos puede costar bastante más que en periodos tranquilos, en la misma red y para la misma operación. Es un mecanismo, no una tarifa fija — y es fácil olvidarlo al planificar cuánto va a costar mover una cantidad determinada de dinero.

El efecto acumulado: por qué operar con frecuencia erosiona el resultado

Cada uno de estos tres costes puede parecer pequeño visto de forma aislada. El problema es matemático, no psicológico: si una persona compra y vende con frecuencia, paga comisión de trading en cada operación, cruza el spread en cada operación, y en ocasiones también comisión de red al mover los fondos. Esos costes no se cancelan entre sí — se suman, operación tras operación, independientemente de si cada operación individual ha sido ganadora o perdedora. Una estrategia que parece rentable mirando solo los precios de entrada y salida puede dejar de serlo en cuanto se descuenta el total de comisiones pagadas a lo largo de muchas operaciones. Esto no es una recomendación sobre cuánto se debería operar — es una descripción de cómo funciona la aritmética de los costes, que cada persona puede aplicar a su propio caso.

El cálculo que conviene hacer antes, no después Comisión de exchange, spread y comisión de red son tres partidas distintas. Sumarlas todas —y no solo la que aparece más claramente en pantalla— es el único modo de saber cuánto cuesta realmente una operación, en lugar de fiarse solo de la diferencia entre el precio de entrada y el de salida.